En plena crisis en su país, el hombre de 57 años partió desde San Cristóbal en junio de 2018 y caminó 1.500 kilómetros hasta Tierra del Fuego. Había salido sólo con 30 dólares, una mochila y su prótesis.


Yeslie Aranda, el venezolano que camina con una pierna por Sudamerica

No le hablen de adversidades a Yeslie Aranda. El hombre de 57 años nacido en Venezuela, que perdió su pierna izquierda en un accidente de tránsito, emprendió una caminata a lo largo de todo Sudamérica con la esperanza de inspirar a su hija y a sus compatriotas a seguir sus sueños, pese a la crisis política y social que atraviesa el país caribeño.

Aranda dejó su ciudad natal de San Cristóbal, estado de Táchira, en junio del año pasado con una mochila, unos 30 dólares en su bolsillo y una prótesis de aluminio que le permitió sortear los escarpados caminos del continente.

El sábado, desafiando las bajas temperaturas e incluso la nieve, el hombre llegó a Ushuaia, la ciudad más austral del mundo.

«Yo estoy viviendo mi sueño», dijo Aranda mientras caminaba hacia un cartel que da la bienvenida a los visitantes «al fin del mundo». Y agregó: «Invito a la gente a perseguir sus sueños, a conquistarlos, a vivirlos».

Aranda, un ex camionero, realiza este viaje mientras miles de compatriotas abandonan su país debido a la desesperación. Pero para él la razón es diferente: ser una fuente de inspiración para otros después de que casi muere en un accidente.

El 27 de agosto de 2013, Aranda conducía un micro en el estado venezolano de Barinas, cuando un camión que viajaba en la dirección opuesta perdió el control y se estrelló contra su vehículo. Aranda y su hija de 23 años, Paola, perdieron una pierna y fueron hospitalizados durante varias semanas.

Después de recuperarse del accidente que lo dejó en coma durante 15 días, Aranda comenzó a caminar con muletas a los santuarios religiosos que rodeaban su ciudad natal como una forma de «agradecer a Dios» por salvarle la vida. Pero también emprendió las caminatas para motivar a su hija, que no pudo obtener una prótesis adecuada y ahora se moviliza en silla de ruedas.

«Paola perdió su pierna derecha y la izquierda le quedó muy lastimada», relata Aranda. «Yo empecé a caminar para motivarla y demostrarle que a pesar de todo vamos a seguir adelante».

El año pasado decidió que era tiempo de dejar un legado viajando por todo el cono sur del continente. «Quería estimular a la gente y decirles que pueden ir tras sus sueños sin importar su condición. Hay muchas personas que no tienen ninguna limitación y a veces ni siquiera sueñan», dijo.

Con sus ahorros mermados por la hiperinflación en Venezuela, Aranda apenas pudo reunir el equivalente a 30 dólares para el viaje. Una compañía de prótesis le regaló una nueva pierna de aluminio y un zapatero le dio zapatillas decoradas con los colores de la bandera venezolana.

Aranda partio desde Tachira hasta llegar a Ushuaia

Aranda salió a la ruta el verano pasado. Ha recaudado algo de dinero mediante la venta de pulseras, pero sobre todo gracias a la generosidad de extraños, pudo completar el viaje de 1.500 kilómetros hasta Ushuaia. Planea regresar a Venezuela de la misma manera.

A lo largo de su travesía, Aranda se alojó con agricultores, monjes y en la mansión de un acaudalado empresario patagónico que quedó asombrado por su viaje. Camioneros amigos lo ayudaron en algunos de los tramos más difíciles, como los pasos de montaña en los Andes. También ha compartido viajes en la parte trasera de camiones con venezolanos sin dinero que abandonaron su país en masa, en lo que se convirtió en una de las migraciones más grandes del mundo.

«La mayoría quieren regresar cuando la situación mejore», dice el viajero. «Yo a mi gente le digo que tenga fortaleza. Todo se puede en esta vida y algún día volveremos a ser un país libre».

De acuerdo con Naciones Unidas, más de 4 millones de venezolanos abandonaron su país en los últimos cinco años para escapar de la hiperinflación, la escasez de medicamentos y los salarios que cayeron al equivalente a 10 dólares mensuales.

El venezolano planeó originalmente cruzar un tramo de Chile de camino hacia Tierra del Fuego, pero varias veces se le negó una visa por no tener pruebas de que abandonaría el país.

Un camionero con el que Aranda viajó «a dedo» se enteró de la situación y le compró un pasaje de avión a Río Grande, la ciudad argentina al otro lado de Chile.

«Hoy en día no es tan atractivo decir que uno es venezolano. Y hay países que nos miran por encima del hombro», comentó Aranda. «Pero todavía hay mucha gente buena que quiere hacer algo por los demás».

Durante su viaje, el venezolano también tuvo momentos de disfrute: vio puestas de sol en el océano Pacífico, visitó ruinas incas, acarició a un pingüino y tocó la nieve por primera vez.

«Si fuera una persona adinerada tal vez hubiera hecho el mismo viaje pagando todo», señala. «Pero no hubiera experimentado lo que ahora estoy viviendo».

Yeslie Aranda dice que llegar a Ushuaia es la «etapa reina» de su viaje y el «comienzo» de su regreso a casa, donde lo esperan su esposa y sus cuatro hijos.

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