Así se da a conocer en un nuevo libro publicado en los últimos días. Se trata de un "álbum biográfico" con textos y fotos del Premio Nobel portugués, quien murió en 2010.


 Sus nombres, es el último libro publicado con material de José Saramago. Es un recorrido fotográfico por la vida del autor de Ensayo sobre la ceguera, que también incluye una deliciosa variedad de textos del autor.

Además cuenta con anécdotas escritas en sus diarios, comentario de obras de arte y de libros viajes, declaraciones a los medios, política. Y, por todas partes, Pilar, su tercera mujer, a la que conoció a los 63 años, y un gran amor.

Habla de lo que ha visto y ha leído. Habla de Almodóvar (ver más adelante), habla de Mafalda: “Aquella Mafalda sabia y subversiva de quien sigo siendo un discípulo fiel”.

El libro, que acaba de aparecer, es obra del argentino Alejandro García Schnetzer y del brasileño Ricardo Viel. Lo presentan como un “álbum biográfico”. Con fotos de la infancia, de sus recorridos, de sus encuentros con otros escritores como Susan Sontag y Günter Grass y hasta una postal a su madre desde La Habana: “Querida madre: tras un viaje de 10 horas de avión, aquí estoy en este país que tanto deseaba conocer. La Habana es una ciudad bonita y la gente es muy afectuosa y amistosa. Besos de su hijo José. 28 de noviembre de 1981”.

Un álbum de 345 páginas que es un gusto hojear viendo las fotos e ir leyendo salteado, como escuchando aquella música del portugués que daba forma al castellano de José Saramago.

Algunas citas del libro

[…] Aquel amigo providencial (fue de su boca de donde oí hablar por primera vez de José Hernández y de Martín Fierro) llegaba al café con los brazos cargados de títulos y de nombres y los lanzaba sobre la mesa como flores exóticas, entre las tazas y los ceniceros. Dejo aquí algunos de aquellos nombres y de aquellos títulos como una simple muestra de la riqueza de su jardín: Enrique Larreta y La gloria de don Ramiro, Ricardo Güiraldes y Don Segundo Sombra, Enrique Amorim y El paisano Aguilar, Miguel Ángel Asturias y El señor presidente, Rómulo Gallegos y Doña Bárbara, José María Arguedas y Los ríos profundos, Julio Cortázar y Bestiario, Jorge Luis Borges y El Aleph, Adolfo Bioy Casares y La invención de Morel, Carlos Fuentes y La región más transparente…
Como he dicho, estábamos entonces en las postrimerías de los años cincuenta, razón más que poderosa para que El coronel no tiene quien le escriba, La ciudad y los perros o El mundo es ancho y ajeno aún no hubiesen llamado a las puertas del Chiado, aquel viejo café de Lisboa.

Voltaire

Me gustaría encontrarme con Voltaire y decirle que tenía razón en su opinión escéptica y pesimista del género humano. Le diría que tuvo razón y que, muchos años después, no hemos cambiado nada, que hay motivos para pensar que, si él viviese en el siglo xx, tendría aún mucha más razón.
Diário Uno, 13 de septiembre de 1998

Marx

Marx, por ejemplo, no dogmatizó, pero no faltaron después pseudomarxistas para convertir El capital en otra biblia, cambiando el pensamiento activo por la glosa estéril o por la interpretación viciosa. Ya se ha visto lo que sucedió. Un día, si fuésemos capaces de deshacernos de los antiguos y férreos moldes, la piel que parecía vieja y al final no nos dejó crecer, volveremos a encontrarnos con Marx: tal vez un «reexamen marxista » del marxismo nos ayude a abrir caminos más generosos al acto de pensar. Que tendrá que empezar por buscar respuestas a la pregunta fundamental: «¿Por qué pienso como pienso?». Con otras palabras: «¿Qué es la ideología?». Parecen preguntas de poca monta y no creo que haya otras más importantes…
Cuadernos de Lanzarote, 21 de marzo de 1995

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