A partir del 15 de agosto las aerolíneas podrán lanzar ofertas de pasajes sin valor mínimo. El sueño de volar por 1 peso parece más real. Pero los expertos y las propias empresas admiten que la situación no será muy diferente a la actual.


En un mes comenzará a estar operativo el reciente anuncio sobre la eliminación de la tarifa mínima en los pasajes aéreos de cabotaje. Apenas se conoció la medida del Ministerio de Transporte hubo interpretaciones casi unánimes que dieron por descontado que habrá un derrumbe de los precios. Los más entusiastas incluso anticiparon que se podrán conseguir pasajes de remate al estilo de las ofertas europeas de último minuto, donde las low cost ofrecen viajar por 1 euro. Tampoco faltaron los razonamientos más extremos como los que pronostican que se desatará una competencia tan agresiva que algunas empresas podrían desaparecer.

Sin embargo, pasada la euforia inicial que provocó el anuncio, los números que se manejan en la industria permiten suponer que la realidad será diferente. Y que el impacto de la eliminación del piso en el valor de los pasajes será, cuanto menos, moderado.

Algunos ejecutivos de las líneas aéreas consultados por Ámbito Financiero admiten que no todo es cuestión de voluntad. Aclaran que el precio de los pasajes está sujeto a una serie de variables que deben ser tenidas en cuenta a la hora de fijar valores promocionales. Y dicen que lo que en apariencia se regala por un lado, debe encontrar un contrapeso por el otro. Entre los elementos a considerar figuran, entre otros, los costos de operación, la demanda de las rutas específicas, la estacionalidad y la anticipación con que se compra el boleto.

Como primera conclusión de este sondeo se puede afirmar que la eliminación de la tarifa mínima no impulsará una baja generalizada de pasajes, sino de algunos asientos en cantidad limitada. La propia medida del Gobierno establece de movida las primeras restricciones: para escapar al tope mínimo la compra debe hacerse por lo menos con 30 días de anticipación y para boletos de ida y vuelta. Luego debe sumarse a esto la letra chica que cada aerolínea escriba bajo los títulos de las promociones que, seguramente, serán irresistibles para los potenciales pasajeros.

Los expertos destacan que la baja general de todos los pasajes no es posible porque rompería el punto de equilibrio de cada vuelo. Así, podría darse el caso que una ruta se haga con el avión lleno pero la compañía igual pierda plata. Todo depende de la estrategia de cada empresa. Pero tampoco es una política permanente volar con un avión semivacío aunque eso no represente pérdidas porque los precios cierran la ecuación. En todo caso se buscará optimizar la ganancia por los asientos disponibles. Y es allí donde una oferta de último momento podría llegar a precios disparatados como pasa en Europa. Aquí igualmente esto no debería suceder, ya que la posibilidad de romper la banda inferior de precio sólo es posible para las compras anticipadas.

Así, lo que se puede esperar una vez que comience a instrumentarse la libertad tarifaria es que unos pocos podrán acceder a pasajes muy baratos. Serán aquellos que lleguen primero para aprovechar el cupo de asientos que fijarán las empresas y que cumplan con los requisitos de base.

Este mercado se maneja con criterios que no siempre se rigen por el sentido común. Y no porque sean caprichosos sino porque en realidad lo hacen por una matemática tan estricta que los torna casi indescifrables. Es por eso que para un mismo avión y una misma categoría de asiento puede haber muchos precios diferentes. En la industria se citan casos de aerolíneas que llegan a computar hasta 70 valores diferentes para una misma aeronave.

Hace dos meses, una aerolínea tradicional decidió recortar las frecuencias a una provincia del norte argentino. La pregunta que le hizo el gobernador al directivo de la aerolínea fue: “¿Cómo puede ser que pierdan plata si el avión siempre viene lleno?”. Y la explicación que recibió el político: “Las tarifas que están dispuestos a pagar los pasajeros que van a su ciudad son insuficientes para cubrir nuestros costos. Y la llegada de nueva competencia no nos permite subir la tarifa lo necesario porque el factor de ocupación caería más de lo razonable”.

En rigor, hasta ahora ninguna compañía mostró sus cartas frente a lo que viene. Las principales interesadas, Flybondi y Norwegian, se limitaron a celebrar la medida. Y las que podrían ser las principales perjudicadas, Aerolíneas Argentinas y Latam, tampoco anticiparon sus planes. La línea de bandera se limitó a decir que no promovió la medida pero se adaptará a las circunstancias.

Con la mayoría de los medios tradicionales subidos a la ola de euforia, sólo algunos expertos que informan desde sus blogs y en redes sociales bucearon más allá de las apariencias. Uno de ellos fue el blog de Díaz Pez. Este experto fue quien más detalles técnicos aportó para esclarecer el tema. Incluso desde mucho antes del anuncio de la eliminación del piso tarifario. El 31 de marzo de 2017, en un artículo titulado “Flybondi y los pasajes a 10 pesos” ya anticipaba -con el tono coloquial y entretenido que lo caracteriza- cuál es la discusión real detrás del debate: “Lo que Flybondi quiere es poder publicitar ofertas de pasajes por debajo de ese valor, pero estoy casi seguro que no querrá nunca operar debajo de ese valor. Por lo cual, si alguna vez se eliminase este piso de tarifas, felicitaciones si encuentra disponible un asiento a $10. Pero no se frustre si no lo consigue: será otro pasajero atrapado en la dinámica de tarifas. Será cuestión de ver si el precio conseguido le sirve o no”.

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