Abby Goodall y Ricardo Linch se presentaron en la Legislatura para presentar reparos por el proyecto del gobierno para construir el Corredor del Beagle. Advirtieron que no están en contra de la iniciativa, pero que el proyecto actual destruye sitios arqueológicos y tornaría totalmente improductiva buena parte de la tierra.


Al ser una obra de tamaña envergadura, como lo será unir Ushuaia con cabo San Pío, en el marco del proyecto del Corredor del Beagle o Ruta 30, era prácticamente una obviedad que la provincia iba a tener que declarar tierras sujetas a utilidad pública para su expropiación. Son 132 kilómetros que atraviesan varias estancias privadas, tierras de la Armada y, en muchos casos, sectores históricos donde vivieron los primeros pobladores de Tierra del Fuego.

Ayer se presentaron en la Comisión Legislativa, que evalúa el proyecto, Abby Goodall y su esposo Ricardo Lynch, para manifestar la preocupación de la familia Bridges-Goodall debido a que el proyecto que encara el Gobierno obligará a alambrar las márgenes de la estancia, ocasionando un serio prejuicio a la actividad ganadera que la familia lleva adelante desde mediados de 1800. Pero más allá de presentarse con el problema, llevaron dos trazas alternativas a la actual, que podría evitar que se tenga que dividir la estancia a la mitad y les genere un grave perjuicio económico.

El matrimonio, que es quinta generación de fueguinos, entregó una solicitud a los legisladores donde se explica la situación que se ha generado.

A modo de mensaje o carta, que los parlamentarios recibieron en la mesa de debate, con la presencia del matrimonio, se manifestó que, “en representación de la familia propietaria de la estancia Harberton, y con preocupación por la forma en que se está avanzando sobre la obra de la ruta número 30 denominada corredor costero canal de Beagle”.

“Remarco que la preocupación es por la manera en que se ha planteado el trazado de la ruta a lo largo de Estancia Harberton, dado que en ningún momento nos oponemos a la construcción de una ruta en la zona”, aclararon en todo momento.

En la nota se hace referencia a cómo se inició históricamente la estancia. “En primer término quiero hacer un breve relato de la historia de la familia Bridges y del establecimiento Harberton. La presencia y la actividad misionera y ganadera de mi familia, que llegó a Tierra del Fuego en 1871, contribuyó como antecedente de presencia efectiva en materia de soberanía de esta zona, a favor del Gobierno argentino. En reconocimiento a ese aporte, es que el Gobierno nacional le concedió la propiedad de las tierras de Estancia Harberton, mediante decreto nacional”.

Abby Goodall relató que “estas tierras fueron entregadas con condiciones estratégicamente pensadas por el Gobierno nacional. Éstas condiciones específicamente consistían en ocupar con ganado lanar y vacuno todas las costas de la estancia, incluyendo las grandes y pequeñas islas que componen la misma, durante una determinada cantidad de años”.

Reconoció que la explotación ganadera de las islas “fue extremadamente costosa y no rentable para la familia, teniendo que movilizar en bote a remo pequeñas cantidades de ovejas a cada isla (en algunos casos solo 3 o 4 animales). Sin embargo, esta explotación ganadera tenía un valor estratégico para nuestro país: tener presencia efectiva en el canal Beagle, siendo consciente el Gobierno nacional de la situación de reclamo por parte del Gobierno chileno sobre todas las costas bañadas por aguas del océano Pacífico”.

“Gracias a este gran esfuerzo por parte de la familia Bridges, Argentina tuvo una herramienta fundamental para reclamar sus derechos sobre la costa norte del canal Beagle, la cual no resultó ser costa seca como en el caso del estrecho de Magallanes”, sostuvieron en su exposición.

No obstante, dejando la historia de lado, la familia manifestó que “en las últimas semanas mantuvimos reuniones con representantes del Gobierno provincial por el tema de la ruta costera. Ellos manifestaron que, dentro de tierra Harberton, la nueva ruta seguirá la misma traza que la existente, sin cambio alguno. De ser así, tornaría totalmente improductiva a buena parte de las tierras de Estancia Harberton, por el efecto barrera producido al quedar alambrada la ruta a lo largo de toda su traza. Paradójicamente, terminaría siendo una estancia con costa seca en su gran mayoría. Cabe aclarar que en esta zona de grandes nevadas, el acceso a la costa es vital para la supervivencia del ganado, quienes bajan a la playa a comer algas cuando no hay otra cosa para alimentarse”.

Asimismo alertaron que “si bien la ruta atraviesa la estancia, de lado a lado, y nos produce un impacto negativo en todo su recorrido, vemos que hay trayectos en los que no hay mejores alternativas que la traza actual. Sin embargo hay otros trayectos en que mantener la traza actual le generaría a la estancia un enorme daño en materia de explotación ganadera y de destrucción de sitios arqueológicos muy antiguos”.

“Tampoco debemos olvidar que en muchas de las costas de Harberton se concentran los más importantes y antiguos restos arqueológicos de la provincia, y no es por coincidencia o casualidad. Es por la sencilla razón que Thomas Bridges era un misionero y tenía una fuerte relación con los pueblos originarios del canal. Cuando él dejó la misión anglicana, se mudó a la zona donde más nativos habitaban para poder seguir trabajando y viviendo junto a ellos”, señalaron los familiares.

“El mejoramiento de la ruta actual, si la traza no es modificada, afectará gravemente a estos sitios arqueológicos que la familia Bridges/Goodall ha preservado y respetado durante los 147 años y seis generaciones que ha vivido aquí. El daño que la ampliación de la ruta producirá será irreversible, perdiéndose para siempre un recurso histórico invaluable. Esto se puede evitar con el simple cambio de traza de unos 8 km propuestos por nosotros (casco de Estancia Harberton hasta el río Cambaceres)”, manifestaron en la misiva.

Por último y para cerrar, Abby Goodall manifestó que “es por eso que en estas reuniones dejamos claro al Gobierno que no nos oponemos a un acuerdo para la cesión de las tierras para la construcción de la ruta, pero al solo efecto de mitigar el impacto que causará, sugerimos un cambio de traza de menos de 8 km. En el marco de esta inmensa obra, este cambio no nos parece relevante”.

 

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