Rick Jolly fue condecorado de ambos lados del Atlántico. "Con los años me preguntaron qué haría si tuviera que elegir a quién tratar primero", dijo el médico en sus memorias; "mi respuesta siempre fue a quien necesitaba atención con más urgencia", afirmó.


Recibió homenajes tanto en el Reino Unido como en la Argentina. Es que el médico cirujano Richard Rick Jolly salvó cientos de vidas de ambos lados durante la guerra de Malvinas en 1982. El británico falleció el pasado 13 de enero en su casa de Torpoint, Inglaterra a los 71 años.

Jolly, conocido como The Doc durante sus años de servicio como capitán médico de la Royal Navy, tuvo una participación calificada de heroica por ambos lados de la contienda bélica que comenzó el 2 de abril de 1982 cuando tropas argentinas desembarcaron en las islas y tomaron posesión de ellas.

Las condiciones de trabajo de Jolly durante la guerra fueron extremas. Montó un hospital improvisado en un viejo frigorífico de ovejas, en Ajax Bay, donde operó y salvó las vidas de los combatientes de ambos países. Al lugar se lo bautizó “La Máquina de la Vida rojo y verde” por el color de las boinas de los marines y paracaidistas que eran atendidos allí.

En una entrevista ofrecida a la agencia Getty en plena guerra señaló: “Siempre esperamos no estar ocupados en la guerra, pero lo hemos estado”, indicó en un tramo donde se lo ve barbudo. En ese hospital, el 30 por ciento de los heridos eran argentinos que eran detenidos por tropas británicas en el campo de combate y fueron operados de igual forma por Jolly y su equipo médico.

Pero además de su labor como médico, The Doc tuvo un desempeño de gran valor en pleno combate. Rescató con sus propias manos a marinos heridos luego de que la Fuerza Aéreade la Argentina hundiera el HMS Ardent en las heladas aguas de Grantham Sound. Se sumergió y arribó una y otra vez a la nave para salvar la vida de dos de sus integrantes.

“No era mi intención ir allí para nadar”, diría luego con ironía. “Me lancé al agua y estaba muy débil para levantarlo. Estaba en un estado espantoso, con una gran herida en su cabeza y sangre por todo su rostro… estaba en tan mal estado que no estaba seguro de que supiera que lo estábamos salvando”.

Nacido en Hong Kong en 1946, su padre fue prisionero de guerra de Japón durante cinco años en la Segunda Guerra Mundial. En 1983 recibió la Orden del Imperio Británico por su mérito en las Malvinas y en 1999 fue honrado por sus antiguos enemigos en Buenos Aires, donde fue galardonado con la Orden de Mayo, la máxima distinción. Durante la ceremonia en la capital argentina estaba el Príncipe Carlos y varios de los soldados a los que había salvado.

“La gente asume que tienes que odiar a tu enemigo, pero eso no puede estar más lejos de la verdad. Las únicas personas que saben por lo que estás pasando son las personas del otro lado. Con los años me preguntaron qué haría si tuviera que elegir a quién tratar primero, un argentino o un británico. Mi respuesta siempre fue a quien necesitaba atención con más urgencia. Por lo que a mí respecta, debes poder mirar dentro de tu alma y apreciar lo que encuentres allí”, escribió en sus memorias publicadas en 1996.

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