La ciudad de Ushuaia, pescadores, productores frutihortícolas y emprendedores gastronómicos de Puerto Almanza y Punta Paraná se unieron en un grupo Cambio Rural y crearon "la Ruta de la Centolla".


La “Ruta de la Centolla” conduce a Puerto Almanza, el último rincón habitado de Tierra del Fuego donde viven 15 familias durante el año y otras tantas se arriman en verano cuando la temperatura y la nieve hacen más amena la estadía.

A 70 kilómetros de Ushuaia, la mayoría de ellas integran el grupo Cambio Rural que, junto con la Agencia de Extensión del INTA en Ushuaia, impulsaron la creación de este corredor de turismo rural para dar a conocer el trabajo de los pescadores de la zona, típica de centollas –a eso debe su nombre–, centollones, truchas y mejillones.

Pero la ruta –que recorre un tramo de casi 15 kilómetros en total– continúa hasta Punta Paraná e incluye también su riqueza productiva, dada por plantaciones de frutas finas y hortalizas. Cultivos que, a 90 kilómetros de Ushuaia –donde solo una vez en la historia la temperatura alcanzó los 27 grados–, crecen al sur del Canal de Beagle.

Entusiasmado por los resultados que ve día a día, Emiliano Sponton, jefe de la Agencia de Extensión Rural del INTA en Ushuaia, dijo: “Los pescadores y los productores hacen un trabajo sumamente convocante, muy llamativo y rico, experiencias que vale la pena conocer”.

Para Fabián Valdés, pescador y residente de Puerto Almanza, afirmó que “la Ruta de la Centolla viene a dar un impulso que realmente necesitamos, Puerto Almanza es un poblado muy joven que recién se está construyendo”.

“Hace cinco años, el INTA se acercó con semillas para huertas con el objetivo de promover el consumo familiar de alimentos”, relató Sponton. Con la pesca como eje, en 2015, armaron el grupo Cambio Rural y comenzaron a pensar alternativas para poner en valor la zona que, con el apoyo de la provincia, hoy avanza en la gestión de infraestructura básica de desarrollo urbano y comunitario.

El proyecto, cuyo inicio se remonta a 2012, se transformó en un circuito productivo-gastronómico motorizado por pequeños emprendedores, que captó la atención del gobierno provincial, el cual creó una unidad administrativa dedicada al desarrollo de la zona, especialmente de Puerto Almanza.

Por el impacto que generó la articulación, esta experiencia se presenta en las “Terceras Jornadas de Agregado de Valor: innovaciones desde el fin del mundo”, organizadas por el INTA y el gobierno de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. Se realizan el 10 y 11 de octubre, en pos de avanzar en una agenda de políticas públicas que fortalezcan las cadenas productivas.

Retrato sureño

La Ruta de la Centolla se extiende a lo largo de casi 15 km, a través de la Ruta J que une ambos pueblos con Ushuaia. “Identificamos que era una zona muy hermosa con un gran potencial turístico, gastronómico y productivo”, aseguró Sponton.

El recorrido está pensado para familias y visitantes que, durante el verano, quieran dar un paseo por las producciones y la cocina local, rodeados por el bosque fueguino frente al Canal de Beagle.

Puerto Almanza “es el núcleo urbano más austral de la Argentina, compuesto por 15 familias que se dedican a la pesca todo el año”, contó el técnico del INTA. “En verano, la población aumenta, pero, durante los inviernos que son sumamente crudos, quedan muchos menos”, añadió.

En el paraje, viven pescadores que siguen el mandato de sus familias, pero muchos otros que no. Llegados de tierras foráneas, pero enamorados de la vida que les proponía el sur, decidieron quedarse allí para iniciarse en el cultivo de cholgas y mejillones o en otros emprendimientos como la cría de truchas.

En el pueblo, también se encuentra “La oveja verde”, la parrilla más austral del mundo que, atendida por un matrimonio –integrados al grupo Cambio Rural–, se suma a la propuesta de la Ruta de la Centolla.

“Francamente, hay un incremento en la cantidad de emprendimientos que se integran a esta iniciativa, así como en la profesionalización de los productores a través de capacitaciones que permiten mejorar la oferta de servicios”, observó Sponton.

Pero la ruta continúa y, 20 kilómetros todavía más al sur, se llega a Punta Paraná, donde se destacan los invernáculos con plantaciones de frutas finas –frutillas, frambuesas, corintos– y hortalizas –lechuga, arvejas, ruibarbos–. Austero y sin electricidad, desde ese pueblo, los productores proveen alimentos frescos al circuito gastronómico, que sirven de guarnición para una pesca sabrosa.

“Hoy día, la zona es muy buscada por su gastronomía; se come en la casa de los pescadores, en un comedorcito chiquito con una estufa a leña”, indicó Sponton, quien, además, sugirió ir con tiempo, ya que las parrillas suelen colapsar de comensales y se debe esperar el turno.

Para el técnico del INTA, este proyecto “fue tomando vuelo propio y superó el público de turismo interno”. “Se han ido hilvanado las distintas iniciativas para dar lugar a una alternativa turística que aporta al desarrollo de esa región”, valoró.

En este sentido, resaltó que “el trabajo mancomunado con la provincia es fundamental y estratégico, ya que permite avanzar en proyectos de desarrollo real para la zona”.

Pesca de primera mano

Nació en Río Turbio, pero desde los dos años vive en Tierra del Fuego. Dice que le tocó abrir el oficio de pescador en su familia, pero que, gracias a su trabajo en barcos de altura, sabe mucho sobre peces. “Después, tuve la suerte de irme a vivir al campo a desarrollar mis proyectos y del campo ya no me vuelvo más”, afirmó Valdés.

Según contó este pescador de Puerto Almanza, del lado argentino del Canal de Beagle, la pesca de centolla se realiza de manera artesanal, con embarcaciones pequeñas de hasta 12 metros de eslora. Los arcos de pesca son jaulas, donde se colocan cebos de carnada.

En verano, amanece a las 4 de madrugada y es uno de los mejores momentos para salir a pescar, ya que hay poco viento. “En invierno, dormimos un poco más, porque amanece a las 9, pero oscurece muy temprano también, alrededor de las 6 de la tarde, por lo cual hay que aprovechar el día”, alentó Valdés.

Además, tiene un criadero de truchas, que trabaja también de manera artesanal. “Por suerte conozco bastante de peces, entonces hago todo el ciclo completo, los reproductores, el desove y la cría hasta lograr una pieza de tamaño comercial que tarda alrededor de dos años”, describió.

La producción de truchas se realiza en piletas –tipo tanques australianos– de agua dulce. “Cuando alcanza los 100 gramos aproximadamente, puede continuar su crecimiento en jaulas dentro del mar”, apuntó Valdés.

Una vez consolidado como productor, junto con otros colegas, trabajaron en la apertura de una unidad de procesamiento de pescados, ya que no había en la zona. “Incursionamos en estos procesos y, hoy por hoy, tenemos una planta habilitada en Puerto Almanza, donde le agregamos valor al producto”, celebró.

En el caso de la trucha, se hace filet sin espinas, corte mariposa, envasados al vacío. Por su parte, la centolla se cocina, se limpia y se envasa. Por el momento, se realizan productos congelados, pero “la nueva etapa que se nos viene para sumar valor agregado es toda la línea de conservas”, dijo Valdés, con optimismo a futuro.

Fuente: INTA.

Comentarios