Gustavo Mendez*


Me inundé una madrugada del 2002. Un metro de agua dentro de la casa de mis padres. Pasaron muchos años para que de mi cabeza se esfumen los gritos de mi madre mezclado con llanto, las corridas de mi hermano para subir todo lo de valor “salvable” (lavarropas, heladera, etc.) y los intentos inútiles para detener el agua. Ver que en menos de un mes las inundaciones regresaron con más violencia a los barrios de San Nicolás y La Emilia, me produjo una impotencia, tristeza y bronca inevitable.

Entre la primera inundación, menor a fines de diciembre, y la segunda, entrevisté a Ricardo Darín por el film que estrenó el jueves (Nieve Negra) y cuya nota se publicó en el diario Perfil. Muchos saben y otros no, pero el actor divide su vida entre Buenos Aires, los rodajes de sus películas, San Nicolás, donde vive la familia de su mujer, Florencia, y Empalme, donde tiene un modesto campo. “En Empalme me conocen todos”, me dice el protagonista de El Secreto de Sus Ojos, film ganador de un Oscar.

Por intriga y curiosidad periodística, le pregunté a Darín cómo había sido el hecho en que en plena inundaciones en el norte de la provincia de Buenos Aires y sur de Santa Fe (reitero, la primera inundación) terminó con su auto secuestrado por las aguas en Empalme y las imágenes del momento se viralizaron.

Darín y su anécdota: “Me metí en un lugar que no debería haberlo hecho. Estábamos apurados, debíamos volver a Buenos Aires por trabajo, y me metí en un lugar que excedía la posibilidad de mi coche que es bajito. Pasaban las camionetas y traffics, me envalentone, y me pegué atrás de una 4×4 y me quedé en la parte más profunda. Me entró agua en el caño escape y se bloqueó el motor. No arrancaba. El “Chino” (Darín, su hijo) iba a atrás y me puteó y fue quien me dijo que no lo hiciera”.

Hasta este pasaje del reportaje, todo era anecdotario. Una decisión mala que tenemos todos los mortales en un contexto hostil. Pero me interesaba ir un poco más en profundidad. Porque en realidad, Darín fue una pseudo víctima de las inundaciones, y sus fotos, tal vez, sin querer pusieron más a tono la solidaridad que habita entre los argentinos. Si pasó con un auto, no fue sorpresivo la ayuda y el amor que recibió La Emilia y Arroyo Seco desde el domingo pasado hasta el día de hoy.

Fiel a su estilo, Darín me dice que no se sintió ninguna víctima: “Lo nuestro no fue nada. Duró media hora. La gente que se ve victimas de inundaciones o aludes son gente que pierden sus viviendas, sus cosas personales como fotos, lo pierden todo. Es un delirio. Me dio vergüenza ajena que los medios le den trascendencia a eso. Lo grave es la gente. El que no lo vive no logra entender fehacientemente lo que se sufre en ese caso”.

Y ahí, en ese momento, como ex de “lo perdi todo en 2002”, pero que 15 años desués todo seguía igual, le pregunté a Ricardo Darín, además de artista, una persona con sentido común, sencillo, humilde y con espalda de bancarse cualquier declaración, algo que ya demostró ante el repudio de CFK: “¿Te da impotencia por la parte de los políticos que se excusan: “llovió en un día lo que debería llover en un año”?”

Y para entender realmente lo que sucede hoy en mi querida San Nicolás y La Emilia, la respuesta de Darín, previo a la segunda inundación, cobraron más vida, más conciencia. Su respuesta: “La pregunta obligada es, ¿qué es lo que se hizo para enfrentar ese tipo de catástrofes de esa naturaleza? No quiero desafectar a nadie ni sobrecargar las tintas, pero el planeta está viviendo una situación muy particular, se producen cosas que no estábamos acostumbrados, por lo menos a la frecuencia. En estos momentos en Europa, hay muertos por ola polar, nosotros vivimos olas de calor inusitadas, lo que está ocurriendo, es que algún día vamos a entender, que no lo vamos a ver ni vos ni yo, para que la especie humana tome conciencia real y consiente de lo que le hicieron al planeta y va a pasar mucho tiempo lamentablemente para que eso suceda. Cuando empiecen a desaparecer las especies que no son las exóticas, cuando empiecen a desaparecer lo que no sostiene, ahí el ser humano se va a replantear de cómo destruimos el planeta. El ser humano ha hecho todo al revés como las grandes reuniones hipócritas del G20, dicen cuidar el planeta, firman comunicados y después no lo respetan. No eximen a los funcionaros públicos que deberían estar pensando en cómo vamos a hacer con la próxima lluvia de 180 milímetros. Te pones a investigar que hay señores terratenientes que tienen muchas hectáreas, que han decidido modificar el cauce natural de un rio para su conveniencia de regado, la verdad es que te volvés loco, y cuando te pones a pensar que los funcionarios deberían controlarlo, con helicópteros, satélites, drones, la pregunta es: ¿Qué están haciendo? Porque a ellos no les pasa que se les mete el agua en sus casa”.

Lo que sucedió en La Emilia y en el sur de Santa Fe por supuesto que podría haberse evitado. Pero la política y los funcionarios, el destroce de año del medio ambiente, la ambición y el egoísmo de pocos, destruyen el sacrificio de una vida del laburante, del que sale a pelearla todos los días. ¡Basta señores políticos! La gente fue la perjudicada y la gente fue la que salió a ayudar a las víctimas. El pueblo estuvo y el pueblo está sin banderas partidarias. Porque como dice Ricardo Darín: “al político nunca se le mete el agua adentro de sus casas”.

*Editor de Opinión Tierra del Fuego.

Periodista de diario Perfil. Locutor Nacional.

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