Gabriel Oliva*


La degradación de los pastizales y los suelos de la Patagonia es una preocupación constante desde el punto de vista de la ganadería, por el descenso en la receptividad de los campos. Últimamente se ha sumado a esto el problema de la degradación de los mallines que hacen peligrar las fuentes de agua de nuestras ciudades. En general en las tierras áridas y semiáridas se están produciendo cambios por la alteración del clima y el sobrepastoreo que afectan la productividad y a lo que hoy conocemos como servicios ecológicos.

Los cambios que se registran en los pastizales son difíciles de evaluar porque son lentos (escala de décadas), graduales (implican cambios en unos pocos puntos de % de cobertura vegetal) pero en general y lamentablemente son irreversibles.

Es posible monitorear mediante sensores remotos y desde el espacio la productividad de la vegetación, pero a los satélites se les escapan cosas importantes como la diversidad (cuantas especies y que especies están presentes), o la estructura de la vegetación (tamaño de áreas de suelo desnudo que se erosionan).

En el pasado los grupos preocupados por el monitoreo han utilizado técnicas diversas, a diferentes escalas en las que no se almacenaban ni compartían datos a largo plazo. A partir de 2008 en el INTA se desarrolló la metodología MARAS (Monitores Ambientales para Regiones Áridas y Semiáridas). Se trata de una red de monitores de campo en los cuales se toman fotografías siempre del mismo lugar, y se evalúa vegetación y suelos a lo largo de líneas fijas, con métodos estandarizados. La red de monitores fue financiada por GEF, INTA y la Fundación Argeninta (Argentina), y también por parte del INIA (Chile). Abarca hoy en día 400 monitores en 13 áreas ecológicas de la región Patagónica Argentina y el Sur de Chile (800.000 km-2).

La información de cada sitio es completa: 500 puntos de intercepción para cobertura de suelo, 50 m de línea de Canfield para analizar estructura de parche (áreas vegetadas) -interparche (suelo desnudo), y 11 indicadores de funcionamiento del ecosistema (LFA) en 10 interparches. Se toman a demás muestras de suelos (0-10 cm) de parches e interparches para analizar Carbono Orgánico, N, textura, pH y conductividad. Cada monitor se visita nuevamente cada 5 años, y al presente se releyeron 60 monitores.

Los resultados se han volcado en una base de datos común, y permiten por primera vez hacer mapas regionales de variables como cobertura vegetal, diversidad, o carbono orgánico de los suelos. Esto permitirá en el futuro analizar cómo cambian estas variables por el manejo de los campos, y cómo reaccionan los ecosistemas al cambio global. 

 

*Especialista en ecología de pastizales,  desertificación y conservación de recursos genéticos nativos.  Forma parte del Área de Investigación del grupo de Recursos Naturales de la estación Experimental Agropecuaria Santa Cruz. Es Coordinador Técnico del Proyecto GEF de monitoreo de pastizales. Profesor adscripto en la Universidad Nacional de la Patagonia Austral.

 

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