Silvina Volpe*


Los efectos psicológicos incluyen el aumento de los síntomas de stress, los sentimientos de inseguridad y de fracaso, la pérdida de autoestima y el deterioro de las relaciones familiares y sociales. Frente a esto, aparece la resiliencia como herramienta para reducir el impacto de este proceso en el individuo y generar una experiencia de cambio personal.

El trabajo tiene un significado profundo para el individuo, constituye un aspecto central en su vida, tanto en el campo psicológico, como en su espacio vital.

En distintas partes de su extensa  obra, Sigmund Freud, alude particularmente al sentido profundo y a la importancia central del trabajo para el hombre. Afirma: “Dos condiciones básicas para la salud mental: la capacidad de amar y de trabajar”.

¿Qué es lo que busca la gente en el trabajo? Aparte de buscar cubrir necesidades fisiológicas y de alimentación, el individuo busca mucho más. Aspira a desplegar sus potencialidades personales mediante la definición de proyectos donde entren en juego las motivaciones relacionadas con el desarrollo personal. Tener proyectos constituye un aspecto esencial de la vida, mientras que la consecución de logros es un regulador fundamental de la motivación, del estado de ánimo y la autoestima.

Entonces, ¿qué sucede cuando el trabajo, como elemento esencial, está ausente? La desocupación es una expresión de una crisis vinculada con el desarrollo de la economía. Por el impacto emocional que representa, pone de manifiesto con crudeza la importancia y el sentido del trabajo humano. El desempleo es un fenómeno social, pero es vivido como una crisis individual, atacando la pertenencia del sujeto, su mundo laboral, social y familiar.

Una situación de trabajo escaso o, aún peor, el desempleo o desocupación generalizados, constituyen situaciones alienantes para el individuo y para la población. No sólo impiden la satisfacción de las necesidades mínimas a una franja determinada de la población, sino que imponen restricciones en la igualdad de oportunidades y en la posibilidad de pleno desarrollo personal.

A la desocupación, hay que agregarle la parte del resto de la población que  padece la inseguridad y se encuentra en estado de alarma ante la posibilidad de pasar a constituir el grupo de los desocupados.  El temor a ser el próximo amplía la franja de los damnificados, y así la gente se hace más precavida, exige cada vez menos, restringe sus aspiraciones y la fuerza expansiva de su personalidad. Esto hace que este segmento de la población se vuelva más conservadora, reduciendo sus aspiraciones a solo trabajar, sin importar bajo qué condiciones, aceptando cada vez más recortes en sus beneficios, dando lugar a situaciones estresantes que conllevan a padecimientos psíquicos y psicosomáticos. Se generan en el individuo conductas inadecuadas de aceptación y sumisión en relación con sus jefes y superiores, y de competencia con sus pares donde aparece el individualismo, perdiéndose los lazos de solidaridad con los compañeros.

Una buena herramienta para afrontar este panorama que parece tan desalentador, es proponer una estrategia de resiliencia. La resiliencia es parte de la salud mental y de la calidad de vida. Su definición nos dice que: “resiliencia es la capacidad humana para enfrentar, sobreponerse y salir fortalecido o transformado por experiencias de adversidad”. Es un proceso que sin duda excede la capacidad de eludir esas experiencias, ya que permite, por el contrario, ser potenciado y fortalecido por ellas.

Teniendo en cuenta los efectos psicológicos más frecuentes provocados por el despido, entre los que destacan el aumento de los síntomas de stress, los sentimientos de inseguridad y de fracaso, la pérdida de autoestima y el deterioro de las relaciones familiares y sociales; aparece la resiliencia como un factor de importancia para reducir el impacto de este proceso en el individuo y generar una experiencia de cambio personal. La resiliencia es una alternativa para reafirmar la propia identidad del sujeto, y como resultado de esto, facilitar la inserción en el mundo social y laboral.

La resiliencia es un enfoque útil para el trabajador despedido pues permite enfrentar la pérdida del empleo como un proceso de crecimiento y de cambio, de nuevos espacios para establecer relaciones sociales y de reconstrucción interior hacia nuevos horizontes de aprendizaje (Rutter, 1993)

La etapa de despido proporciona al individuo nueva información sobre sí mismo al observarse en una nueva situación, lo que debe inducir constructivamente a una modificación de su propio autoconcepto y de la imagen hacia los otros. De esta forma, la resiliencia incentiva actitudes y comportamientos positivos y proactivos que facilitan el actuar de los individuos en la búsqueda de empleo.

Es importante desarrollar características personales vinculadas con la creación de capital relacional, favorecer una autoimagen positiva, dimensionar problemas, tener sentido de esperanza ante las dificultades y transformar las experiencias de aprendizaje en proyectos exitosos. Vanistendael (1995) distingue cinco dimensiones de la resiliencia: 1) existencia de redes sociales informales. 2) la persona muestra capacidad para descubrir un sentido y una coherencia en la vida. 3) autoestima positiva, la persona se valora a sí misma, confía en sus capacidades y muestra iniciativa para emprender acciones o relaciones con otras personas. 4) presencia de aptitudes y destrezas, es capaz de desarrollar sus competencias y confiar en ellas, y 5) sentido del humor. Cada uno de estos componentes son fundamentales para generar una identidad más fortalecida y favorecer el análisis y la toma de decisiones (en el sentir, pensar y actuar) en ambientes de alta incertidumbre.

*Psicóloga. Universidad Nacional de La Plata. 

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